“Cualquiera que sea tu historia, bienvenido. Has emprendido un largo viaje hacia la honestidad sexual y la revelación personal. Puede ser un camino arduo, pero es el único modo de conseguir lo que deseas. En el decurso, te parecerá que hay un montón desalentadoramente grande de conocimientos que aprender; no te deseanimes. El Amo más perverso del mundo, la Dómina más imaginativa, empezaron igual que tú hoy: curiosos, excitados y algo inseguros.”
Pat Califia,
“SM. Los secretos del sadomasoquismo”

domingo, 17 de abril de 2016

La Figura Del Acosador Dentro Del Bdsm. 1ra Parte

El Lado Oscuro Del Bdsm: Las Relaciones Destructivas. Por Felina



La Figura Del Acosador Dentro Del Bdsm. 1ra Parte

1 ¿Qué es un acosador? 
2 El dominante acosador. 
3 El acosador sumiso. 

1 ¿Qué es un acosador? 

Antes de entrar en este apartado, debemos dejar claro que cualquiera puede ser maltratado o maltratador, si se dan las circunstancias adecuadas. No son las personas perturbadas las que ejercen mayoritariamente la violencia, sino gente bien normal. Sin embargo, existe una figura que por sus características de personalidad es particularmente dañina y destructiva en cualquiera de los entornos sociales que frecuenta, ya sea en el círculo de amigos, en el trabajo o en la pareja. Todos en algún momento de nuestra vida, hemos conocido alguien así, es ese matón de instituto que pide el dinero del bocadillo, es el jefe que ejerce demandas imposibles a sus empleados, es el amigo que entiende la amistad como una forma de servidumbre. Son particularmente atraídos hacia ciertas profesiones donde se ejerce la autoridad: policía, abogado, médico, o simplemente encargado de alguna empresa, y siento decirlo ven en el BDSM un paraíso personal, ya que confunden la dominación con el despotismo. Son individuos particularmente peligrosos y por ello les dedicamos un apartado completo. No tienen un género definido, son hombres y mujeres por igual, aunque sí hay diferencias en cuanto sexos en la forma de comportarse. Son acosadores, o para usar un término más técnico: “psicópatas socialmente integrados”. Quizá nunca cometan un crimen legalmente punible, pero rozan los límites de las normas sociales no escritas. Yo les llamo “encantadores de serpientes”, porque son hábiles en atraer hacia ellos todas miradas, pero llevan dentro un veneno letal. 
El acosador prototípico es egoísta y egocéntrico, tiene graves problemas para sentir empatía. (He mencionado anteriormente la palabra empatía, pero no he explicado su significado. Sería la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir las emociones que otras personas experimentan en un determinado momento). Su autoestima es narcisista, tienen una falsa imagen de sí mismos como personas superiores a los demás, pero detrás de esa fachada, se ocultan graves carencias emocionales. Para mantener su ego inflado, necesitan la admiración de los otros y la consiguen gracias a que son socialmente muy hábiles y brillantes, apareciendo como personas encantadoras, simpáticas y divertidas. Estas personas necesitan sentirse poderosos para mantener la fachada de superioridad y para conseguirlo destruyen a los que caen bajo su encanto. Son incapaces de establecer una relación de pareja sana y madura y son personas muy inseguras y dependientes. Alternan periodos de gran actividad y dinamismo eufórico con otros de depresión y autocompasión sin límites y son propensos al abuso del alcohol y otras substancias. 
El acosador, es más habitualmente atraído por un rol dominante, que le otorga ese áurea de poder que necesita, pero también puede ejercer de sumiso sin que cambien en lo esencial las tácticas que utiliza. 
Es muy difícil descubrir a un acosador sin conocerle bien, porque su pose bien estudiada y su habilidad para ganarse la simpatía de los demás, les hace aparecer como la pareja perfecta. Es precisamente ese juego de parecer maravillosos cara a la galería, el que deja a la víctima (en este caso sí hablaremos de víctima) más indefensa.

 2 El dominante acosador. 

A muchas sumisas les atrae ese aire de “chulería”, que irradian los dominantes, es parte de la parafernalia del BDSM jugar a ser un hombre duro y tierno a la vez, sentirse dominada, pero a la vez protegida. Las sumisas buscan seguridad y fuerza, pero también comprensión y cariño. El acosador dominante, parece tenerlo todo. Se muestra siempre muy pagado de sí mismo, puede aparentar una gran cultura o una gran sabiduría, presumirá de dominar todas las técnicas y de tener mucha experiencia en el BDSM. Se mostrará educado y muy atento a los deseos de la sumisa, que creerá vivir en una nube. Poco a poco, va mostrando su verdadera naturaleza, es incapaz de tener en cuenta los sentimientos de los demás, porque no los comprende y necesita destruir a la otra persona para sentirse importante. Empezarán las vejaciones, primero solapadas: “no me has abierto la puerta, no estás atenta”, “quiero educarte como sumisa, pero no te dejas”, etc. Poco a poco, la moral de la víctima se va derritiendo y cuando se derrumba del todo, él finge entenderla y consolarla. Ella realmente piensa que el fallo es suyo, todo el mundo le dice lo perfecto que es su amo. Ella (o él, si la relación es homosexual) intentará ser mejor sumisa y complacerle en todo, pero él nunca está contento. Le pedirá cada vez mayor tiempo y dedicación, la apartará de sus amigos y familiares, de todos aquellos que puedan representar un peligro para su dominio y aparecerán los celos, no solo sexuales, sino afectivos. Al estar cada vez más aislada y carecer de un vínculo emocional sano que le abra los ojos, la víctima cada vez se hace más dependiente de su agresor. Las agresiones van a más y las explosiones de ira son incontrolables, las sesiones se vuelven desagradables, saltándose todos los límites, ya no se respeta la integridad del sometido y desde el punto de vista físico, que duda cabe que es el acosador más peligroso porque no dudará en utilizar las palizas y la violencia sexual. Si ella intenta alejarse, él se torna de nuevo encantador para retenerla y así comienza de nuevo el ciclo. Cuando la víctima ya está del todo destruida, y se convierte en una carga, o si se torna demasiado reivindicativa y ya no se deja engañar, se trasforma en un objeto de odio, el acosador envenena el ambiente contra ella e intentará hacer creer a todas las personas cercanas que ella está loca o es una manipuladora perversa, y lo peor es que muchos, le creerán. 
Veamos un ejemplo: 
Conozco una pareja, (ambos viven en el extranjero, bastante lejos), vamos a llamarles Rubio y cenicienta, para poder contar su historia. 
Rubio es extranjero, casado y con hijos, pero su matrimonio va mal y a su mujer apenas la ve y no tiene relaciones con ella, no le entiende....., la eterna historia. Cenicienta es soltera y totalmente entregada a su amo. Cuando están juntos, hacen una cosa muy curiosa que yo nunca he vuelto a observar en ninguna otra pareja en público: cenicienta paga descaradamente todos los gastos. Desde el hotel en el que se alojan, hasta los helados que se toman. A cenicienta le gusta lo que ella llama “sexo duro” (penetración extrema, relaciones con varios hombres a la vez... etc) y tiene una tolerancia al dolor prodigiosa. Hasta aquí perfecto, si a ellos les va bien así, los demás no tenemos porqué meternos. El problema es que a él le gusta hacerla sufrir de verdad, provocar su llanto, mortificarla y luego consolarla o no según su capricho. Ahora te hablo, ahora no te hablo, quiero ir al cine, ahora no quiero ir, ahora te quiero y voy a dejar a mi mujer por ti, ahora no te quiero y me voy a buscar a otra sumisa porque no estás a mi altura. Te digo que estás gorda y te ordeno estar tres días sin comer y luego delante de tus narices me ligo otra que está mucho más rellenita que tú porque no tienes curvas. Ella vive en un sin vivir, nunca sabe a qué atenerse, le odia y le ama, le deja y vuelve a buscarle y mientras su personalidad se desintegra, pero se siente incapaz de alejarse de él, porque ha vampirizado su energía y su voluntad. Ella sabe que tiene necesidades especiales que no puede satisfacer cualquiera y cree que si pierde a este amo, no encontrará otro que le pueda dar tanto placer. Naturalmente, esto es completamente falso, por supuesto, puede encontrar un amo con un nivel alto de BDSM y que le dé la satisfacción sexual que necesita pero que además sepa respetarla como persona, pero no hay forma de hacérselo entender. Obviamente, su amo controla con quien puede hablar y relacionarse y en cuanto fuimos un peligro para su ego, la alejó de mi amo y de mí. Estamos hablando de una mujer joven, guapa inteligente y con estudios superiores, pero atrapada en las redes de un acosador psicopático.

3 El acosador sumiso. 

El acosador que elige el rol sumiso, puede optar por dos opciones, en la primera aparentará una devoción sin límites hacia su ama, demostrará ser el más sumiso de los sumisos, intentando ser reconocido como el más humilde servidor. Intentará adelantarse a los deseos de su ama, y creerá saber lo que ella necesita mejor que ella misma, hasta que ella se agobie e intente alejarse un poco, en ese momento puede mostrarse violento y arrepentirse después. Poco a poco, aparecerán los celos y el deseo de pasar con ella todas las horas. Será muy obsesivo en sus preferencias y no aceptará una negativa por respuesta, intentando arrastrar a su dueña en prácticas que ella no quiere hacer. A partir de aquí, el discurso es prácticamente el mismo que en el caso anterior, pero con la salvedad de que el curso es más insidioso y el acoso menos evidente, pero mucho cuidado porque puede ser igual de violento y peligroso. 
En la segunda de las opciones, será un “falso sumiso”, que dominará del todo las sesiones, exigiendo exactamente lo que quiere, cuándo lo quiere y comportándose como dominante el resto del tiempo. Esto puede confundir mucho a su víctima, que cae en la trampa de una falsa sumisión “¿cómo puedes decir eso, no ves que soy yo quien está en tus manos en las sesiones?”. Siempre cuestionará las aptitudes de ella como ama, haciéndole responsable de su falta de obediencia y comparándola con otras amas más competentes. 
Una vez conocí un sumiso, por Internet, (como suelen hacerse estas cosas) y me dio su móvil. Fuimos avanzando en la relación y decidí llamarle. Yo le llamé con número oculto y no le localicé, pero me pareció descortés colgar sin más y cometí el error de darle mi número de teléfono. Dejé el móvil desconectado para ir al cine y cuando volví a encenderlo al fin de la película, tenía unas quince llamadas perdidas. Me dí cuenta de que había caído con un acosador obsesivo y resolví no responder en absoluto a sus llamadas, simplemente escribí por email para decirle que había sido un error y que me dejara en paz. Su respuesta fue que no se había dado cuenta de que había llamado tantas veces, que era de pura alegría e impaciencia de recibir mi llamada. A partir de aquí y durante la siguiente semana, recibí 78 llamadas con el número visible y durante meses con número oculto, hasta que se aburrió, pero pudiera ser que en cualquier momento volviera a la carga. 
Un ejemplo mucho más directo, nos lo proporciona nuevamente Dómina Zara en su libro “Soy un Sueño”, página 69, cuando afirma de un sumiso con el cual mantuvo una relación 24/7:
“El que supuestamente era mi esclavo, que decía estar totalmente entregado a mi servicio, únicamente pendiente de mi felicidad, desvivido por satisfacer cualquier capricho que se me pudiera ocurrir, en realidad no paraba de presionarme, manipularme y acosarme, y a punto estuvo de someter mi voluntad a exigencias cada vez más disparatadas y absurdas, envolviéndome en una espiral obsesiva de la que me costó mucho salir”. 

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